Ciencias vs Humanidades: educando al ciudadano del futuro

Vivimos tiempos apasionantes donde el conocimiento fluye y se comparte como nunca anteriormente. Las novedades tecnológicas nos sorprenden cada día en los medios de comunicación y se incorporan rápidamente a nuestras vidas. La ciencia ya no es un ámbito exclusivo de los científicos y está más presente que nunca en nuestro día a día.

El desarrollo tecnológico es vertiginoso y su repercusión en el desarrollo humano está planteando de forma más y más apremiante la necesidad de cambios en los modelos educativos.

Las necesidades han cambiado y esto implica que los métodos y los contenidos deben cambiar de acuerdo con los nuevos requerimientos de la sociedad. Buena parte de las habilidades y competencias que plantea la educación del siglo XXI son distintas a las de la educación que se aplica en las escuelas.

En muchos países aparecen señales que indican un comienzo de cambio o al menos un intento de introducir novedades. Cambios que están principalmente determinados por modificaciones en el currículo y por la incorporación de herramientas, prácticas y contenidos relacionados con las nuevas tecnologías y con la sociedad de la información.

Y en esta evolución muchos son los que defienden la necesidad de educar a “ciudadanos del futuro”, personas que sean capaces de trabajar en puestos que aún no imaginamos, resolviendo problemas que aún no existen. Formar ciudadanos útiles para una sociedad futura que desconocemos.

Pero… ¿estamos enfocando esta evolución educativa de la manera correcta? No puedo evitar preguntarme si no estamos cometiendo los mismos errores del pasado. Porque… sí, vivimos en la sociedad del conocimiento, pero… ¿qué tipo de conocimiento?

De forma creciente, los modelos educativos de muchos países están apostando desde la escuela primaria, de forma singular y ponderada, por las asignaturas de Ciencias frente al resto,

buscando dar respuesta a la creciente necesidad de profesionales de perfil técnico, una de las claves actuales para la mejora de la competitividad de la economía de un país. Son las asignaturas que se conocen por STEM: Science, Technology, Engineering y Mathematics. Sin duda esta apuesta responde a los requerimientos de una sociedad cada vez más tecnológica donde la proyección de la robótica, la biotecnología, la computación o el big data, son algunos de los pasos a seguir para las economías más competitivas. Y para esto se necesitan técnicos, ingenieros, programadores, médicos, biólogos, matemáticos… Perfiles claramente científicos.

Pero ¿qué implicaciones puede tener potenciar una educación basada en las asignaturas de ciencias sobre las asignaturas relacionadas con las humanidades?

Sin duda una educación donde los contenidos relacionados con las letras, el arte, la filosofía, la historia, las ciencias sociales, etc. tengan un papel secundario, no solo supone asumir un riesgo de empobrecimiento cultural, sino el de formar individuos con falta de visión sobre la finalidad última que da sentido a muchos de los problemas que afronta la ciencia.

Frente a lo concreto, lo específico, lo exacto, lo absoluto, lo empírico que implica la ciencia, no se debe contraponer, sino complementar la visión más global, social, relativa e incluso aleatoria de las humanidades.

Este concepto antagónico entre ciencia y humanidades ya fue expuesto por Charles Percy Snow en 1959 en su conferencia “Las dos culturas”, en la que se refería a la falta de entendimiento y comunicación entre la comunidad científica y la humanista como uno de los inconvenientes para la resolución de los grandes problemas del mundo.

Hoy, en una sociedad más tecnológica que nunca, nos parece imprescindible superar esta barrera entre las dos culturas (científica y humanística) y proponer una educación que integre el conocimiento científico y las humanidades.

La creatividad, la superación, la capacidad de análisis, la eficacia en la resolución de problemas, la investigación, el debate, la reflexión, la colaboración, la empatía… no son habilidades que dependan únicamente del conocimiento científico, más bien de la capacidad del individuo para relacionar conceptos e ideas aparentemente inconexas, de la habilidad para desarrollar una visión global de un problema y definir adecuadamente los objetivos y métodos para afrontarlo, de la actitud para comprender otras realidades y otros argumentos distintos a los propios, de la destreza para aplicar criterios de moderación y/o firmeza (asertividad/assertiveness) en la defensa de las ideas y en la relación con los demás…

El fin de la educación no debe ser  formar individuos con capacidad productiva para la sociedad. En nuestra opinión, el fin de la educación es formar personas con capacidad para gestionar sus vidas de una forma sana física y mental y que esto les permita alcanzar sus propias metas personales y las de la sociedad en la que se integran.

La ciencia ha permitido al ser humano articular y organizar de una forma coherente, demostrable y ordenada, las respuestas que va descubriendo y que le ayudan a explicar y a entender su entorno y su propia existencia, y afrontar con éxito los retos que le permiten vivir más y en mejores condiciones. La ciencia, en su concepto más original, está al servicio de las humanidades.

Los valores y principios éticos de una sociedad se modelan a través de su historia, su filosofía, su arte, su lengua, su literatura… y por supuesto también de la ciencia, y es muy importante su estudio para conocernos como individuos y como sociedad. Las humanidades forman al individuo en un conocimiento más plural, más alternativo, más inexacto, más amplio y esto nos permite desarrollar habilidades para empatizar con el resto de seres humanos y tener una visión más global y plural de los problemas a los que nos enfrentamos en nuestra vida y en nuestro trabajo.

En la Grecia Clásica se entendía la filosofía como la madre de todas las Ciencias, como un saber íntegro que abarca todas las ramas del conocimiento y que ayuda a tener un conocimiento global del mundo. Y esta visión global, más humanista, junto con las capacidades más específicas y metódicas propias de los perfiles más científicos, es lo que nos permite afrontar con las mejores garantías de éxito los grandes problemas de nuestro tiempo.

La competitividad es importante en el progreso de nuestra sociedad, pero no a cualquier precio. No a costa del empobrecimiento cultural, que sin duda precede al empobrecimiento económico y social.

Necesitamos, tanto como el progreso tecnológico, individuos con una sólida formación en valores y con la suficiente visión para alcanzar nuevos retos de una forma sostenible y responsable con el resto de seres humanos y con nuestro entorno.

Y para esto es fundamental una educación en ciencias, una educación STEM, pero sin duda combinada con una educación en humanidades que fortalezca la educación en valores, el pensamiento crítico y la perspectiva global de nuestros retos.

Esta es la visión y el compromiso que tenemos en Elesapiens como creadores de Contenidos Educativos de Ciencias para Primaria. La de crear recursos que potencien la transversalidad entre las dos culturas, los dos pensamientos, el científico y el humanista, potenciando la Curiosidad, la Creatividad, el Pensamiento Crítico, la Comunicación y el Trabajo en Equipo.

Video: Máquinas y Personas de Elesapiens. Mira aquí otros recursos relacionados.

La educación se enfrenta a nuevos y desconocidos retos. Nadie tiene una bola de cristal, pero en la visión y la capacidad para equilibrar correctamente ciencias y humanidades en los procesos educativos, en el currículo y en los nuevos contenidos y materias, está una de las principales claves para afrontar con las mejores garantías el futuro del ser humano.

¡Vivimos y celebramos la sociedad del conocimiento! Pero… ¿cómo queremos que sea esta sociedad en los próximos años?

Deja un comentario