Reflexiones desde el confinamiento

El pasado 7 de marzo de 2020 la psicóloga italiana Francesca Morelli publicó en su página de Facebook estas reflexiones sobre la situación creada por el Coranavirus COVID-19 y el confinamiento decretado en su país y en muchos otros. Un texto que nos invita a replantearnos nuestra forma de vida y el valor que damos a cada cosa.

“Creo que el cosmos tiene su manera de reequilibrar las cosas y sus leyes, cuando estas se ven alteradas. El tiempo que estamos viviendo, lleno de anomalías y paradojas, da que pensar…

En un momento en que el cambio climático y los desastres ambientales están alcanzado niveles preocupantes, China, en primer lugar, y muchos países a continuación, se ven obligados al bloqueo; la economía colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. El aire mejora; usamos mascarillas pero respiramos…

En un momento histórico en el que ciertas ideologías y políticas discriminatorias, con fuertes referencias a un pasado mezquino, se están reactivando en todo el mundo, llega un virus que nos hace experimentar que, en un instante, podemos convertirnos en los discriminados, los segregados, aquellos bloqueado en la frontera, los que traen enfermedades. Aún no tengamos culpa, incluso siendo de raza blanca, occidentales y viajeros de primera clase.

En una sociedad basada en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día, sin saber muy bien detrás de qué, sin sábados ni domingos, sin días en rojos en el calendario, de repente se para todo. Encerrados en casa, días y días, contando las horas de un tiempo que ha perdido el valor si no es medido en retribución de algún tipo, en dinero. ¿Sabemos qué hacer con él sin un fin específico? 

En una etapa en la que la crianza de los hijos, forzosamente, se delega a menudo en otras figuras e instituciones, el virus cierra las escuelas y nos obliga a encontrar soluciones alternativas, para unir a las madres y los padres con sus hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones, la comunicación y la socialización se juegan principalmente en el “no espacio” de lo virtual de las redes sociales, dándonos la ilusión de cercanía, el virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, nada de besos, nada de abrazos, a distancia, en la fría ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por sentado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha convertido en la norma, el virus nos envía un mensaje claro: la única forma de salir de esta, es la reciprocidad, el sentido de pertenencia, la comunidad, sentir que se forma parte de algo más grande que hay que cuidar y que puede cuidar de nosotros. La responsabilidad compartida, sentir que de tus acciones depende no solo tu suerte, sino la de todos aquellos que te rodean. Y que tú dependes de ellos.

Así que, si dejamos de hacer esta caza de brujas, de preguntarnos quién es el culpable o por qué ha sucedido todo esto, y nos preguntamos qué podemos aprender de esto, creo que todos tenemos mucho en qué pensar y comprometernos. Porque con el cosmos y sus leyes, evidentemente, estamos profundamente endeudados. Y el virus nos lo está explicando a un alto precio.”

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