Disciplina con amor: Límites y motivación

Estamos ante un nuevo curso escolar y todos los padres nos planteamos nuevos objetivos y retos sobre nuestros hijos. ”Este curso tendrá que ir a dormir antes”; “tendría que hacer los deberes nada más merendar“; “ha de lavarse los dientes después de las comidas“. A su vez, nuestros hijos se enfrentarán a nuevos conocimientos, problemas, intereses, actividades, amigos,… un sinfín de cosas. A veces resulta difícil compaginar el trabajo con la escuela, el ocio con los deberes, la presión de los horarios, las actividades extraescolares, las fiestas de cumpleaños, los deseos y obligaciones de unos y otros. Y todo ello se complica aún más cuando tenemos más de un hijo. La única manera de ponerse a salvo del estrés es a través de la planificación y organización de las rutinas, así como de una disciplina positiva, que implique a todos los miembros de la familia.

¿Qué es la Disciplina Positiva? Este tipo de disciplina no tiene nada que ver con el control ni con el castigo, sino con enseñar, entrenar, construir habilidades y centrarse en las soluciones, siendo una disciplina constructiva, motivadora, útil, afectuosa y respetuosa.

¿Cómo llevar a cabo esta Disciplina? Siendo unos padres afectivos, cariñosos pero firmes, eliminando los sentimientos de culpabilidad. Han de permitirse ustedes y sus hijos el cometer errores, equivocarse y volver a intentarlo las veces que sea necesario. Porque de los errores es de donde más se aprende y equivocarse es humano. Así pues, piensen ahora en qué les gustaría mejorar para ir afrontando los problemas de uno en uno.

Disciplina positiva

¿Por dónde comenzar? Siendo CONSECUENTES, para lo cual tenemos que pensar y decidir qué vamos hacer nosotros como padres y hacerlo. La idea principal de la disciplina positiva, es que somos nosotros, como padres, quienes debemos aprender a cambiar, en lugar de querer cambiar o controlar a los demás. Si nos centramos en controlar a nuestros hijos probablemente no tenemos en cuenta la posibilidad de resolver los problemas controlando nuestra conducta. Por tanto tenemos que decidir qué vamos hacer en determinados momentos cuando surjan los problemas o conductas que queremos modificar o eliminar.

Tras tener claro qué haremos lo expresaremos con claridad a nuestros hijos y después, cuando surja la necesidad, lo haremos sin culpabilidades.

 

HECHOS, no palabras.

Más de la mitad de los problemas con los niños pequeños desaparecerán si hablan menos y actúan más. Los niños dejan de escuchar a los padres porque hablan demasiado. En lugar de pedirles a sus hijos una y otra vez que se callen, que no chillen, dígalo una sola vez, después puede intentar quedarse callado y no decir nada hasta que le hagan caso, si se pelean por un juguete quíteselo usted sin decir nada y póngalo en un lugar fuera de su alcance. No necesita decir nada para que ellos entiendan que han de dejar de pelearse y podrán volver a tener su juguete.

Es un error preguntar al hijo si va a hacer algo que es necesario. ¿Vienes a cenar? ¿quieres bañarte? La respuesta suele ser: “¡no!” para evitar esto es mejor decirles: “es la hora del baño” o “ahora a cenar”. De esta manera evitaremos entrar en debates y discusiones sin fin.

Un buen consejo es evitar hablar a distancia, tenemos que intentar estar en la misma habitación y hablarles a la cara para que atiendan, evitando hablar de una habitación a otra, gritando una y otra vez, lo que supondrá un mayor esfuerzo y gasto de energía para ustedes.

Así pues: Resumiendo:

  1. Preste toda su atención al problema.
  2. Reconozca a su hijo sus sentimientos y concédale lo que le gustaría en su mundo imaginario (¡ojalá pudiera darte lo que quieres!).
  3. Dígale a su hijo lo que DEBE HACER de forma clara, sencilla y directa (evite decirle lo que no debe hacer).
  4. Busquen una solución juntos, con su ayuda. (No acepte nada que no esté dispuesto a cumplir).
  5. Explíquele cómo se siente usted y establezca sus límites.
  6. Actúe en consecuencia. Cumplir lo que se ha dicho que se va hacer, el ser COHERENTES reduce la frustración y los conflictos con los niños, es una forma efectiva de que los hijos escuchen y cooperen.

 

Muchos padres preguntarán si no es más fácil y efectivo darle un azote en el trasero. Es verdad que el castigo puede resolver el problema en ese momento, pero cientos de proyectos de investigación demuestran que no es el modo más efectivo de enseñar conductas positivas. De hecho, cuando estos mismos padres miran atrás y observan con objetividad, se dan cuenta que castigan la misma conducta una y otra vez, luego no han dado solución a largo plazo a la conducta errónea.

 

La importancia de establecer RUTINAS.

Además a esta disciplina es importante sumarle el establecimiento de RUTINAS que serán una de las herramientas más potentes de las que disponen los padres a la hora de establecer límites para sus hijos. El problema surge cuando las rutinas que se establecen no son las deseadas: ¿Se pasa una hora comiendo mientras ve la televisión? ¿Suelen pasar dos horas todas las noches para meter a sus hijos en la cama? ¿Tiene que repetir una y otra vez que se ponga hacer los deberes? Todo esto son rutinas que les gustaría cambiar por otras en las que todos los miembros de la familia mostraran más colaboración y espontaneidad.

A los niños les gustan las rutinas y responden bien ante ellas, cuanto más pequeños son más seguridad les aporta. Les ayuda a centrarse en lo que tienen que hacer en cada ocasión, a responsabilizarse de su propia conducta y sentirse capaces, verse como alguien útil en la familia. Una vez establecida, la rutina es la que manda y los padres no precisan dirigirlo todo continuamente, lo que lleva a una convivencia más relajada y fluida.

Para establecer las rutinas primero tenemos que tener en cuenta la edad del niño, por ejemplo si queremos forjar una rutina para antes de acostarse, con los más pequeños que no saben todavía leer, podríamos sacarle unas fotografías realizando cada una de las actividades: me ducho- me pongo el pijama- ceno- me lavo los dientes-leemos un cuento y a la cama.

Si hay hermanos mayores también se pueden implicar, haciendo ellos las fotos o bien unos dibujos, lo pegan todos juntos en una cartulina en el orden que tienen que realizar las actividades y lo colocan en un lugar a la vista de todos, para poder ser consultado en cualquier momento. Si se olvida de uno de los pasos a realizar, le puede preguntar a su hijo ¿qué es lo siguiente en la tabla? Colaborará de mejor grado si es él quien lo dice.

Finalmente, apliquen la rutina de modo amable pero firme. Remítase a la tabla o a la lista o diga: ¿qué habíamos acordado?

Generalmente, no necesitará sistema de puntos o estrellitas, que es mejor evitar y dejar sólo para conductas o logros puntuales, como aprender a atarse los zapatos, vestirse o desvestirse solos… Una vez que saben hacerlo son innecesarios, porque a los niños les gusta hacer lo que se espera de ellos, por lo que resulta más efectivo que nos mostremos contentos por sus logros y les felicitemos por ello, esto les reconforta y les motiva a hacerlo una y otra vez. Si queremos que toda la rutina termine en un determinado tiempo que habremos fijado con anterioridad como por ejemplo a las nueve de la noche, podemos acordar con ellos que a esta hora antes de dormir les leeremos un cuento que ellos podrán elegir; si se pasan de la hora fijada, por supuesto, no tendrán cuento.

 

MOTIVACIÓN.

Lo más importante es la MOTIVACIÓN que les ofrecemos, que ellos se sientan valorados y que crean en sí mismos y en su capacidad de hacer lo correcto. Pueden escribir notas motivadoras como “seguro que te sientes muy orgulloso, te has esforzado mucho y has sacado muy buena nota” o “¡estarás contento, esta noche nos dará tiempo a leer dos capítulos de tu libro favorito!”.

El cómo utilicemos la motivación va a favorecer una atmósfera familiar más positiva, que no estaría de más utilizarla también entre los padres, dado que serviría también de modelo para los hijos.

La mejor manera de alcanzar el éxito, es ir poco a poco, de modo que no se fijen unas expectativas demasiado altas; primero detenerse en un logro, después en otro y de este modo lograr una inercia que les impulsará hacia delante, beneficiándose así todos los miembros de la familia.

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